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MUNICIPALISTAS

12 octubre, 2009

Juan Antonio Nemi Dib

Pocos temas son tan socorridos como la defensa férrea y patriótica del municipio libre, por cuya autonomía de gestión y fortaleza decenas de políticos y activistas estarían dispuestos a tomar las armas… en el discurso. Nadie en su sano juicio se atrevería a discutir la preponderancia del orden municipal de gobierno para el desarrollo democrático de la nación, no hay plan de gobierno que lo excluya ni disertación que lo eluda, no hay partido –liberal o conservador, de derecha o de izquierda— que omita de sus programas la consolidación de la vida municipal y la mejora de los ayuntamientos. Todos coinciden en la necesidad de lograr administraciones municipales viables, fiables y eficaces. Mucho ruido. Pocas, poquísimas nueces.

La diversidad de los municipios es tanta y tan compleja como lo es el mosaico cultural y geográfico mexicano. Los hay dramáticamente poblados –Guadalajara, Zapopan, Ecatepec, Naucalpan— y los hay con apenas cientos de personas, los hay que abarcan decenas de miles de kilómetros cuadrados de territorio –Ensenada, Mulegé— y los hay tan pequeños que apenas logran distinguirse en los mapas a escala. En México hay municipios riquísimos y pobrísimos, libres de analfabetismo y llenos de personas que no leen, estadísticamente sanos y llenos de personas que sufren enfermedades endémicas.

La legislación que regula los órganos municipales de gobierno cambia de un estado a otro, a veces dramáticamente, por ello la composición de los cabildos, la forma de elegir a sus integrantes, las atribuciones de éstos y hasta la manera de gastarse el dinero de los contribuyentes tienen matices y particularidades que contribuyen a la enorme heterogeneidad de los ayuntamientos y a la gran dificultad para lograr una tipología eficaz que los distinga, fuera de los metropolitanos y los que no lo son, de los chicos y de los grandes. Hay elementos que resultan comunes a todo cabildo y que permiten una aproximación razonablemente cercana a su problemática, demostrando que, por ahora, municipalismo es lo más cercano a “rollo”:

1.- Composición. Muchos ayuntamientos viven en tensión debido a la reserva –prevista por la mayoría de las leyes— de las facultades ejecutivas a favor de los presidentes municipales. Es frecuente que síndicos y regidores busquen mayor participación en las actividades operativas cotidianas y quieran ejecutar por su cuenta las tareas relacionadas con sus comisiones edilicias. Con frecuencia, los mandos superiores designados –secretarios, tesoreros, directores, oficiales mayores— se niegan a reconocer autoridad a los ediles salvo a su “jefe”, el presidente municipal. Si a esto se agregan los conflictos de carácter partidista y, a veces, las broncas relacionadas con la cuenta pública, el patrimonio público y los “bisnes” –cuando los hay—, se entiende que buena parte de las administraciones municipales transcurran peleando.

2.- Estructura. Como toda entidad burocrática, los ayuntamientos tienden al gigantismo. La empleomanía municipal, que generalmente percibe malos salarios, suele ser más de la necesaria y por ende, poco eficaz y onerosa. Con más frecuencia de la conveniente, los empleos municipales se convierten en recompensas por los “favores recibidos” durante las campañas y así, la administración pública se vuelve prebenda y hasta botín. Las nóminas de empleados de confianza disparan el gasto corriente y hay casos escandalosos de ediles como el presidente municipal mexiquense que se asignó un salario superior a los 400 mil pesos; por si esto fuera poco, la mayoría de los ayuntamientos enfrentan un serio problema de sobre representación: demasiados integrantes de los cabildos que complican la toma de decisiones, favorecen los escenarios de conflicto y encarecen las nóminas.

3.- Escasez. La Constitución General de la República atribuye a los ayuntamientos una importante lista de responsabilidades y atribuciones: agua potable, drenaje, alcantarillado, tratamiento y disposición de aguas residuales, alumbrado público, limpia, recolección, traslado, tratamiento y disposición final de residuos, mercados y centrales de abasto, panteones, rastros, calles, parques y jardines y su equipamiento, así como las funciones de policía preventiva municipal y, recientemente, la administración del uso de suelo, pero para el cumplimiento de estos deberes los 2’439 cabildos del país apenas tienen acceso al 7% del gasto público nacional, aproximadamente, mientras que la Federación y los gobiernos estatales concentran la mayor parte de los recursos. Para colmo, la mayor parte de los dineros municipales se gastan en nóminas, combustibles, energía eléctrica y viáticos; lo poco que queda para gasto de inversión no alcanza ni remotamente para atener la explosiva demanda municipal de infraestructuras y servicios públicos que la sociedad demanda. Por ejemplo, el anterior ayuntamiento de Xalapa estimaba que, ante la escasez, era imposible satisfacer entre 80 y 90% de las necesidades ciudadanas. Se entiende por qué buena parte de los cabildos concluyen en medio del descrédito y la frustración: por mucho que hagan y por bien que lo hagan, nunca será suficiente.

4.- Temporalidad. Salvo en Coahuila, los ayuntamientos mexicanos suelen durar tres años. Demasiados si la administración es mala y corrupta y muy pocos si las cosas se están haciendo bien. La consecuencia de esto es que no existan políticas municipales de largo plazo, que cada trienio se reinvente el modelo administrativo y las prioridades cambien y que las obras se hagan con sentido de rentabilidad política inmediata –el famoso relumbrón— y no con visión de futuro. Dada la naturaleza de la disputa por el poder, es poco probable que los nuevos ayuntamientos den continuidad a los programas de sus antecesores, lo que se agrava mucho cuando pertenecen a partidos diferentes, y como resultado de ello se pierde no sólo mucho dinero sino oportunidades irrepetibles, al tiempo que los rezagos y las necesidades crecen.

5.- Profesionalización. Por principio los partidos escogen a candidatos populares para que éstos compitan en pos de las presidencias municipales. El perfil importa poco respecto de la necesidad de ganar las elecciones. Y los buenos candidatos no siempre resultan en buenos servidores públicos. Es sabido que muchos ayuntamientos adolecen de malas prácticas administrativas y problemas relacionados con la rendición de cuentas y el uso honorable de los recursos. Se documentan por cientos los casos de prepotencia y abuso cometidos por ediles y funcionarios municipales, antaño y ahora.

6.- Dependencia. Ya por los mecanismos de control político y auditoría, ya por el control de los recursos públicos, ya por las expectativas personales de los ediles que desean “quedar bien” lo cierto es que los ayuntamientos siguen siendo dependientes y subordinados, aunque la ley diga lo contrario. La “des municipalización” de tránsito recientemente ocurrida en Veracruz, es un buen ejemplo de ello.

La Botica.- Ojalá que el Presidente Felipe Calderón y sus colaboradores hayan calculado las cosas, en el asunto de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro. Si efectivamente logran liquidar a la empresa sin consecuencias políticas, harán un bien mayor a la Nación y a los propios trabajadores, garantizándoles sus prestaciones y –a quienes permanezcan en activo— la viabilidad de sus centros de trabajo.

antonionemi@gmail.com

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