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HAMBRIENTOS

21 septiembre, 2009

Juan Antonio Nemi Dib

Un reputado pensador solía decir que las revoluciones se originan en la mente de personas con el estómago satisfecho. Al margen de la ironía contenida en su comentario, parece cierto que la necesidad de comer supera a cualquier otra. El deseo de comer suele referirnos a la sensación de apetito, al reclamo del organismo como un reflejo que parece, al mismo tiempo, fisiológico y emocional. Con hambre, “comer se vuelve prioritario, disminuyen los referentes morales y otros aspectos de la vida se tornan secundarios”. Según los expertos, un individuo alimentado adecuadamente sentirá hambre, en promedio 4 o 5 horas después de haber comido. Pero ocurre que muchas personas en el mundo viven con sensación de hambre permanente, debido a que su alimentación es insuficiente, irregular, de mala calidad e incluso, nociva.

El hambre endémica es la expresión más cruda de la pobreza, la evidencia fehaciente de la injusticia y la explotación y el resultado de la desigualdad entre las naciones y dentro de éstas. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación –la FAO— proporciona datos ofensivos:

1.- Por primera vez en la historia de la humanidad, más de 1 000 millones de personas ―concretamente 1’020 millones― padecen subnutrición en todo el mundo. Esa cifra supera en casi 100 millones la cifra del año pasado y equivale a una sexta parte aproximadamente de la población total del mundo.

2.- A menos que se adopten de inmediato medidas correctivas sustanciales y sostenidas, el objetivo de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación (CMA) de reducir el número de personas hambrientas a la mitad ―hasta un máximo de 420 millones de personas― para el año 2015 no se alcanzará.

3.- Las últimas estimaciones de la FAO sobre el hambre muestran un considerable deterioro de la tendencia observada en los últimos 10 años, que ya era desalentadora. El repunte de la inseguridad alimentaria que se ha producido en 2009 pone de relieve la urgencia de encarar las causas profundas del hambre con rapidez y eficacia.

4.- La actual desaceleración de la economía mundial, que sigue a la crisis de los alimentos y los combustibles y coincide en parte con ella, está en el centro del fuerte aumento del hambre en el mundo. A consecuencia de la crisis se han reducido los ingresos y las posibilidades de empleo de los pobres y ha disminuido considerablemente su acceso a los alimentos.

5.- El aumento del número de personas subnutridas no es resultado de limitaciones en los suministros internacionales de alimentos. Según las cifras publicadas recientemente en Perspectivas alimentarias de la FAO, la producción mundial de cereales en 2009 será elevada, aunque ligeramente inferior a la producción récord del año pasado, que fue de 2 287 millones de toneladas.

6.- Al disponer de menos ingresos, los pobres tienen menos posibilidades de comprar alimentos, especialmente donde los precios de los mercados internos son todavía persistentemente elevados. Si bien los precios de los alimentos a escala mundial se han reducido en comparación con los niveles máximos alcanzados a mediados de 2008, siguen siendo elevados con arreglo a los niveles históricos.

7.- Las consecuencias de, por una parte, la reducción de los ingresos como resultado de la crisis económica y, por otra parte, los elevados precios de los alimentos han resultado devastadoras para las poblaciones más vulnerables del mundo. En varios aspectos, la crisis actual no tiene precedentes históricos. En primer lugar, sigue a una crisis mundial de la seguridad alimentaria que fue principalmente el resultado de aumentos rápidos y marcados de los precios de los alimentos básicos, durante el período 2006‐08, que no estaban al alcance de millones de pobres.

8.- En segundo lugar, la crisis está afectando a gran parte del mundo simultáneamente. Cuando las crisis económicas se limitan a determinados países, o varios países de una determinada región, los gobiernos pueden recurrir a instrumentos tales como la devaluación de la moneda, los préstamos o el aumento del uso de la asistencia oficial para afrontar los efectos de la crisis. El alcance de esos instrumentos es más limitado en el caso de una crisis mundial (como la actual).

9.- En tercer lugar, como los países en desarrollo se han integrado en mayor medida en la economía mundial desde el punto de vista financiero y comercial, están mucho más expuestos a los cambios en los mercados internacionales. Una caída en la demanda o la oferta a escala mundial o las restricciones en la disponibilidad de créditos como resultado de la crisis tienen repercusiones inmediatas para los países en desarrollo.

10.- El aumento del hambre es un fenómeno mundial. De hecho, todas las regiones del mundo se han visto afectadas por el aumento de la inseguridad alimentaria. En Asia y el Pacífico, la región más populosa del mundo, vive el mayor número de personas que padecen hambre (642 millones). En el África Subsahariana existe la prevalencia más elevada de la subnutrición en relación con la población (32 %). El mayor incremento porcentual en el número de personas que padecen hambre en los países en desarrollo se produjo en el Cercano Oriente y África del Norte (13,5 %). En América Latina y el Caribe, la única región en que había habido señales de mejoría en los últimos años, también se produjo un marcado aumento (12,8 %). Incluso en los países desarrollados, la subnutrición ha llegado a ser una preocupación cada vez mayor.

La FAO no hace referencia a un fenómeno que según algunos analistas contribuirá a generar mayor pobreza alimentaria en el mundo: la utilización de granos para la producción de biocombustibles que será, sin duda, otro factor de encarecimiento y menos acceso a la comida. En cualquier caso, lo más dramático es la evidencia de que se produce comida suficiente para todos, pero que está concentrada, mal distribuida y es muy cara. Ojalá se tratara sólo de conseguir comida para todos, evidentemente el hambre produce secuelas. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud “aunque rara vez aparece citada como causa directa, la malnutrición está presente en más de la mitad de las muertes de niños.”

Una persona expuesta durante meses o incluso años al hambre, difícilmente podrá recuperar todas sus capacidades físicas y mentales; probablemente habrá consecuencias. ¿Se le podrá pedir a una persona hambrienta que respete el patrimonio y la vida de los demás, que se conduzca de acuerdo con valores cívicos, que sea socialmente productiva y que se integre a su comunidad?, ¿pueden naciones de hambrientos compartir los valores de la democracia y la aspiración de progreso colectivo, fomentar las ciencias y las artes, desarrollar la tecnología y vivir armónicamente? Hay veinte millones de mexicanos con hambre, en pobreza alimentaria, son la quinta parte de la población… y va in crescendo.

En noviembre próximo habrá en Roma una nueva cumbre mundial que buscará erradicar el hambre del planeta, en 2025. Ojalá que esta vez funcione.

antonionemi@mail.com

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