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Columna invitada

29 agosto, 2009
“EL TRAILERO DE LA MURILLO”
Víktor Lezama

Xalapa es una hermosa ciudad prehispánica, conocida antaño por su clima, sus flores, su cultura y sus grandes hombres de sapiencia, pero además, es de todos conocido que Xalapa es única por sus leyendas y callejones, como el callejón de Jesús te ampare, el callejón del diamante, el callejón del perro, la llorona de los lagos, el jinete sin cabeza, la mujer de negro que aborda el taxi, la casa de Betancourt, el niño del pozo, el petate del muerto, entre otros. Cuentan unos vecinos cercanos al puente caído de la Murillo Vidal, que después de la media noche cuando empieza una ligera llovizna y una niebla que impide ver más allá de las dos cuadras, se escucha a lo lejos el ruido de un motor diesel que poco a poco se va acercando, ¡de pronto! se ve una sombra en forma de tráiler Kenworth, cargado con grava de río y deslizándose a gran velocidad por la avenida Lázaro Cárdenas con dirección a Teziutlán, perdiéndose en la rampa que conduce a lo que se supone, fue un puente. Dicen los que han visto estas visiones (el que no quiera verlas, que no salga de noche) que poniendo mucha atención se escucha claramente el sonido producido por piedras rodando en dirección a la avenida Ávila Camacho…(las piedras rodando se encuentran). Un escalofrío recorre todo el cuerpo de los que han sufrido este fenómeno paranormal, vamos, se les enchina el cuero. Los que saben de estas cosas, comentan que un alma anda en pena porque no la han dejado descansar desde que su cuerpo se calcinó en un dramático accidente en ese lugar. Esa alma no descansa en paz porque ha sido señalada con índice de fuego (amigo) como la única culpable de haber “tirado” el puente Murillo Vidal, construido por grandes personajes de la ingeniería civil y con lo último en tecnología estructural y mecánica de suelo, además de haber utilizado los materiales de construcción de la más alta calidad. Dicen los miembros del Consejo de Ancianos que el puente se colapsó al no soportar las más de 60 toneladas de piedra que transportaba el “diabólico” tráiler conducido por “el tortugo” apodo con el que se le conocía entre sus compañeros traileros al difunto. (Qué bueno que no le apodaban “la liebre”). Dicen que el Dios del agua se enojó porque de las entrañas de un río se extrajeron esas piedras y esa tierra amarillenta. Todos lo acusan, todos lo señalan, por todos los rincones de la ciudad se propaga “la culpa fue del chofer”; un joven alto, regordete, de pelo lacio y que aspira a una alcaldía comenta “el chofer no leyó los letreros de advertencia”, otro de barba cerrada susurra (de miedo) “el puente era muy esbelto y delgado” (guau) en quien estaría pensando…otros comentarios son acerca de la explosión inmediata de los tanques de diesel (menos explosivo que la gasolina) la altura aproximada del puente era de 7 metros. Apenas la semana pasada en la sierra huasteca, un autobús con más de 20 pasajeros se fue a un barranco de aproximadamente 110 metros de profundidad y no explotó. Todas las noches los vecinos del rumbo de las Animas, la Murillo Vidal y Lázaro Cárdenas se guardan a temprana hora, unos porque tienen que levantarse muy temprano para llevar a los chavos a la escuela y otros por temor de que se les aparezca “el fantasma” de lo que han bautizado como “El Trailero de la Murillo”. Q.E.P.D.
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