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IN EXTREMIS

26 agosto, 2009
Juan Antonio Nemi Dib

La expresión que titula este fárrago es herencia latina y sus significados contemporáneos generalmente aceptados son dos: en el último momento (o, cuando se trata de personas, en los últimos instantes de la vida) y, por otro lado, la referencia a una situación extrema y peligrosa. Para los efectos –como suelen decir los abogados— ambas acepciones nos sirven, son herramientas lingüísticas adecuadas para aproximarnos a una realidad difícil de describir pero aún más compleja de vivirse. Ni los optimistas contumaces, ni aún los gobernantes obligados a justificar mediante discursos alegres sus decisiones y los resultados de sus respectivas gestiones pueden negar la grave condición del País en prácticamente todos los frentes de la vida nacional. México parece acercarse a una situación in extremis.

Empecemos por la economía: de acuerdo con cifras del INEGI, en 6 meses el desempleo nacional creció 48.44% lo que significa casi 800 mil empleos destruidos durante la mitad de 2009 y la misma cifra sumada a los desempleados pre-existentes en todo el país. Se calcula que son 232 mil las micro, pequeñas y medianas empresas mexicanas cerradas en este tiempo, mientras que el Secretario de Hacienda habla de una dramática reducción en los ingresos públicos del orden de los 800 mil millones de pesos, durante este año y el que sigue.

El precio de los hidrocarburos –principal fuente de dinero del Gobierno Mexicano— continúa deprimido y sin previsiones de que se recupere en lo inmediato; no sólo el precio, los niveles de producción de PEMEX que siguen bajando debido a la sobre explotación de los pozos y la falta de nuevos yacimientos. Casi 12 millones de mexicanos viven en Estados Unidos; el dinero que ellos envían a sus familiares en México es la segunda fuente de ingresos del País, equivale casi a 26 mil millones de dólares anuales. Sin embargo, estos envíos empezaron a reducirse desde hace meses –en abril pasado, casi un 19%— y la tendencia a la baja continúa.

Así como todo esto repercute en la economía de las familias y las empresas, también en los gobiernos: 7 de cada 10 ayuntamientos mexicanos se encuentran en una condición que se aproxima a la quiebra técnica, dado que sus deudas y compromisos superan con mucho sus ingresos y, a falta de otros medios, algunos expertos y autoridades ven en el financiamiento –deuda, bonos bursátiles, compras a plazo, etc.— la única alternativa para resolver los problemas inmediatos, aunque eso implique un dilema ético por los compromisos futuros prolongados y una derivación en el tiempo de la astringencia económica, pero afirman que no hay alternativa para pagar salarios, terminar las obras en proceso y cubrir pasivos. Parece que el Gobierno del DF subirá los precios del metro y otros servicios públicos como el agua y el boleto de metro y eso le pega directamente a los bolsillos de la gente.

En materia de seguridad las cosas no son mejores: trece mil ejecuciones durante el sexenio, 4,500 en lo que va del año y 854 en julio ya no son noticia. Aunque algunos presumen que se trata de una ‘estratagema para manipular a la opinión pública’ y ‘desviar la atención’, el pasado 12 de agosto apareció en la fachada del diario Debate de Sinaloa una amenaza específica y directa contra el Presidente de la República:“Sr. Presidente, una pregunta? Si tardaste un año para dar con ‘El Dimas’, calculas que te alcance la vida para dar con toda mi gente. Cuídate porque ya tenemos la consigna y prometemos al pueblo será cumplida”. Para evaluar el estado de la gobernabilidad en los tiempos que corren, son de considerarse como ejemplo las consignas contra el gobernador perredista de Guerrero, Zeferino Torreblanca, coreadas por los asistentes al homenaje para el líder perredista en el Congreso Local, Armando Chavarría Barrera, asesinado a mansalva el jueves pasado: “Zeferino, desgraciado, mataste a un diputado”; ¿quién se imaginaría a los dirigentes del PRD en Guerrero exigiendo que la Procuraduría General de la República del gobierno panista atraiga las investigaciones porque no confían en su Gobernador perredista? Increíble.

Suena catastrofista y exagerado, pero la lista puede continuar hasta niveles francamente depresivos: deterioro ambiental y agotamiento de los recursos naturales, deficiencia del sistema educativo, incremento persistente de la pobreza y el número de pobres, corrupción pública y privada, dependencia energética, dependencia alimentaria, déficit de la balanza comercial, pírrico desarrollo científico y tecnológico, fallas graves del sistema sanitario, incremento en las conductas delictivas y la impunidad, asfixiante centralismo de la Federación a los estados y de éstos a los municipios, deterioro de la convivencia cotidiana y de las reglas cívicas mínimas, multiplicación de las adicciones, embarazos en niñas y adolescentes, violencia de género, migración que produce desintegración familiar y expulsión de mano de obra calificada… ¿Hasta dónde puede resistir todo esto nuestro País?, ¿qué ocurrirá si estas tendencias no cambian?, ¿quién y cuándo pondrá límites a todo esto?, ¿terminaremos in extremis?

Son grandes males y reclaman grandes remedios. Por ejemplo, en materia de seguridad y justicia hemos sido testigos de numerosas reformas legales que van y vienen, incluyendo la absurda legitimación del secuestro policial disfrazada de arraigo que puede destrozarle la vida a cualquier inocente y que no parece mostrar mucha utilidad para combatir a los verdaderos criminales. ¿Seguiremos por el camino de los parches y las ocurrencias legales mientras los delitos aumentan, los policías se corrompen o mueren y los delincuentes gozan de riqueza y poder generalmente fuera, pero también dentro de las cárceles? Si la clave está en que NO se cometan delitos, ¿cuándo voltearemos hacia las buenas prácticas ciudadanas, el respeto a las personas y el cumplimiento de las leyes?

Le pregunté a Pepe Ferrer, quien no lo sabe pero es mi gurú económico ad honorem –otro latinajo— cómo hacerle para resolver la debacle salarial de México que es, a su juicio, el verdadero eje de nuestra debilidad económica y fuente de muchos problemas. Me respondió con lógica y claridad: acabar con los topes salariales y definir el monto de éstos a partir de la inflación esperada, incluirle un factor anual de productividad –en lugar del engañoso reparto de utilidades—, castigar con rigor a quien pague menos del mínimo, que sea un órgano autónomo del Congreso quien lo fije y que –si fuera posible— el salario se establezca en los estados, con base en un piso irreductible.

Este de los salarios es un ejemplo de que existen caminos viables para orientar el rumbo hacia un buen destino, de libertades y paz pública, de crecimiento sostenido y buena calidad de vida para todos, pero exige el fin de los privilegios, la renuncia a las excepciones y la asunción, en serio, de los deberes de cada uno de nosotros para con la comunidad a la que pertenecemos, entendiendo que buenos ciudadanos hacen buenos países; implica detener el saqueo y la rapiña contra la nación, implica anteponer, realmente, los intereses generales por encima del individual. Aún es tiempo y se puede.

antonionemi@gmail.com

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