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¿Tratado de Córdoba?

20 agosto, 2009

Supuestas la buena fe y armonía con que nos conducimos en este negocio, creo que será muy fácil cosa que desatemos el nudo sin romperlo”

Agustín de Iturbide

Hace ya mucho tiempo que, tanto Aquiles como un servidor, expusimos sendos trabajos sobre el “Tratado de Córdoba”, antes, Othón Arróniz Báez publicó un libro con una amplia explicación sobre el tema que sirve de vanagloria a los cordobeses, tal situación, apuntó Arróniz –director fundador de la cadena de los mundos- no era otra cosa que la aceptación del Plan de Iguala que proponían los conservadores.

Me da risa ver que, después de más de 20 años, el tema sigue dando de qué hablar y, sobre todo, que le tocara a Herrera Beltrán –no puedo entender con que finalidad- lograr que el congreso veracruzano declare mañana, día de fiesta estatal el fatuo hecho pues, a simple vista se ve que, no era otra cosa que una burla a “Los Liberales” pues, como bien expresara cierto personaje cordobés en su momento: “Lo mío es mío” y no andar “desatando nudos sin romperlos”.

El Archivo Municipal Córdoba (AMC), extraordinario monumento a textos históricos incunables y gran baluarte de la historiografía veracruzana, fue hecho durante la gestión de Dante Delgado, más no con el fin de lograr hacer del hecho algo realmente histórico, sino para estudiar el contenido de los documentos que contienen la historia de la fundación de esa villa de españoles.

La nómina que –se supone- asegura, afirma y sostiene que fueron 30 las cabezas de familia, peninsulares las fundadoras del asentamiento, es un burdo remedo del acta de fundación del pueblo conocido como Tototlan –hoy Totutla-, fundado en 1617, con motivo de la denuncia que hicieran vecinos del pueblo de Guatoxco, antiguo señorío de Cuauhtochco –AGUIRRE, Beltrán Gonzalo. El señorío de Cuauhtochco; luchas agrarias en México durante el virreinato.-

El motivo real de la fundación de la villa de Córdoba, fue el de poner en pocas manos, la mucha tierra, en apariencia ociosa, del antiguo lomerío de Huilotlán –muchos de los nombres en nahual, tendrán sus coincidencias con los de otros estados- una planicie con las condiciones odológicas necesarias para tal fin, tales hechos aparecen en el trabajo inédito aún: Córdoba: entre el mito y la realidad, de un servidor, realizado bajo en auspicio del entonces Instituto Veracruzano de Educación y Cultura, en tiempos de Patricio Chirinos, hoy, simplemente IVEC, una dirección más de la SEV.

Total, que la nómina real, no llegó a los 14 españoles, de estos, sólo 5 fueron peninsulares y el resto, en su mayoría, dueños de recuas de mulas que utilizaban el camino colonial México-Veracruz, para transportar sus mercaderías; el alegato fuerte fue la rebelión de un tal Uyanga, Ñanga o Yanga, negro cimarrón que lideraba un palenque en las cercanías de Amatlán y que, gracias a la resistencia ofrecida, obtuvo del virrey Cerralbo, la autorización para la fundación de la villa de San Lorenzo Cerralbo, más tarde San Lorenzo de los negros, hoy: Yanga.

En fin, que la nómina final de los fundadores se completó con habitantes autóctonos de Amatlán, Naranjal, Totutla y negros libertos, de los que había aún más que cimarrones o huidos; tal fue la situación que propició la envidia de los fundadores de la villa de Córdoba –según las leyes de Indias, las Villas tenían, necesariamente, que ser fundadas por españoles peninsulares y en parajes despoblados, se fundaron varios asentamientos entre 1615 y 1620 de los cuales, sólo sobreviven hoy, Yanga, Totutla y Córdoba- que varias veces trataron, casi con éxito, de destruir el poblado de Yanga.

Más tarde, durante la guerra intestina llamada de Independencia, los cordobeses tuvieron un papel de preponderancia capital para el triunfo de los insurgentes; con anterioridad, durante la guerra de los cien años, los córdobeses compraron títulos nobiliarios de caballería –que además les proporcionaban pingües porciones territoriales- por el orden de los 100 mil pesos oro, más tarde, como apoyo a la corona, enviaron una segunda remesa de 80 mil pesos oro, situación que les valió, otorgaran a la ciudad, el escudo de armas de Castilla y Aragón, es decir, el escudo de armas de la familia real, mismo que cambiaron, de inmediato, quitando el del fundador, el virrey Fernández de Córdoba y descendiente de los fundadores de La Casa de Córdoba en España.

Los hermanos iniciados –léase Masones- colaboraron directamente con la insurgencia, pero con la intención de mantener un orden monárquico en la Nueva España pues, el rey Felipe VII, había sido expulsado de su país, por el hermano borracho de Napoleón José Pepe Botellas Bonaparte, por lo que, La Nueva España (desde el paralelo 22 hasta la península de Nicoya en Honduras, quedaba sin gobierno.

Es, bajo estos hechos que, Iturbide esperó, en la ciudad de Córdoba, distante apenas 30 kilómetros del puerto de Veracruz –aún no se construía el actual camino al puerto desde la ex villa- al último virrey, Juan O’Donojú quienm, enfermo como llegó al portal de Ceballos –la maldición de Motecuhzoma- aceptó el Tratado que le ofrecía el líder de los insurgentes, muy bonito y en un estado de conservación impecable o, por lo menos, así lo dejamos Othón Arróniz, Teófilo Aquileo Rosas Juárez y el que esto escribe.

El mismo documento en el AGN –Archivo General de la Nación- se encuentra en deplorables condiciones y la paleografía, para poder acceder a él, debe ser mucho más eficaz que la utilizada para el documento del AMC, que curioso que, después de tantos años, cuando ya lo registró como un hecho histórico sin validez el mismísimo Reyes Heróles en su Historia de México, el Doctor Aguirre Beltrán y otros eruditos, venga un maestro (?) con título de gobernador a, prácticamente Instruir a la LXI Legislatura veracruzana para otorgar al dichoso día, el estatus de histórico estatal, cuando apenas merece la mención de histórico.

Me olvidaba, el documento en comento –me gustan las cacofonías- posee la misma estructura, salvo algunos párrafos, del Plan de Ayala, que no le otorga la potestad a Felipe VII de venir a gobernar la Nueva España, sino de crear una República, échenle ojo y por favor, que no sea la última vez que corregimos al Maestro, Licenciado Fidel Herrera Beltrán, la verdad, que haríamos, los que nos encanta criticar, si no estuviera él en el poder de Veracruz.

Arróniz y Aquiles publicaron sus textos sobre Córdoba, en mi caso, por andar de pata de perro, no he podido hacer lo propio pero, por si se ofrece, ya está listo para su revisión y pase a la imprenta, digo, por si algún alma caritativa dice que con eso se me puede cerrar el chipo, sobre todo porque, el llevado y traído tratado tiene una semejanza increíble con el Plan Veracruzano de Desarrollo que, no vean; que pasen un buen día. Ah, si gustan, puedo proporcionarles la bibliografía consultada, la mayor parte en mi poder, algo así como 25 0 30 mil volúmenes, sin contar con la enorme cantidad de fojas revisadas y traducidas en el AGN, por cierto, la leyenda de la mulata, está basada en hechos reales e involucra al hijo bastardo del conquistador Hernán Cortés, por entonces, Marques del Valle… Relieve it or not!

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