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CRONICA XIQUEÑA

30 julio, 2009

¿SE ACUERDA DE MI?

Por Viktor Lezama

Lo que son las cosas, ahora que me dieron ganas de ir a comer un rico mole a Xico, que me voy topando con que estaban de manteles largos en el pueblo (eso de manteles largos es un decir porque en algunas mesas ni ponen). ¿Oiga amigo? –pregunté a un pueblerino-, ¿qué sucede? ¿Por qué tanto carro?, se celebra el día de María Magdalena –me respondió con voz un poco pasmada- como si la lengua le pesara al hablar. Miré a mí alrededor para buscar una vía alterna y seguir mi camino, pero me fue imposible avanzar, cientos de carros de todas las marcas y colores formaban un enorme nudo vial, parecían hormigas sin antena. El ruido de los cláxones, el sofocante calor y una que otra mentada y (no precisamente de menta) hacían más estresante mi estado de ánimo; se escuchaban por todos lados expresiones tales como: ¡avanza guey!, ¡acelérale loco!, ¡échate un poco de reversa!, ¡cuidado y te ensartas May!. Después de algunos minutos de intentar pasar con mi “yegua patas de hule” por fin me decidí y me aparque, vamos, estacione mi troca de bajo de una higuera y como decía el Sargento Pedraza, “caminando y flotando”. Cuanto más me acercaba a la calle principal los espacios se reducían a su mínima expresión, ríos de gente como una gran peregrinación formaban, con su vestimenta, un gran mosaico de colores. El mirar a las chicas con sus ajustados jeans y sombrero vaquero me hacían menos cansada la caminata. Después de unos minutos de ir “flotando” por fin llegue al lugar de los hechos (bueno, algunos apenas los estaban haciendo), me encontraba en el corazón del huateque en donde reinaba un ambiente huapachozo, bullangero y contagioso (no de virus), contagioso por su música ranchera, pop, corridos, y demás. ¡Ya sueltenlos! ¡ya suéltenlos! se escuchaban los gritos de miles de gente que se encontraban a los costados de la adoquinada avenida (hacia el infierno) y que llegado el momento se convertiría en un gran ring en donde una docena de embravecidos toros de más de 450 kilogramos se enfrentarían a cientos de animales racionales (¡sopas!) para los toros del jaral los caballos de allá “mesmo”-. Una enorme barda construida con gruesos tablones de madera serviría de barrera. El presagio de una lucha sin cuartel se aproximaba sigilosamente como una serpiente (¡huuy! que miedo). Así como corría alcohol pronto correría sangre. Por todos lados se apreciaban enormes cartulinas color naranja, verde o amarillo encendido, prendidas de ventanas, paredes, arboles, cercas, carros y un gran etcétera, anunciando el sabroso Torito de Cacahuate, Morita, Verde con anís, Tortas, Empanadas, y una que otra Picadita (con chile de árbol).

En Xico la fiesta inicia desde el primero de julio, con la recolección de la flor en el Valle de Perote, para adornar el arco que lucirá en la puerta principal de la parroquia. Todo está ex profeso preparado, los mayordomos hicieron lo suyo con antelación para que el día que les corresponde actuar estén en las mejores condiciones; un mayordomo es el que se encarga de dar los alimentos a todo el personal que confecciona el arco y su tarea termina hasta que lo ve colocado en la fachada principal de la iglesia, todos los días tiene que estar pendiente de que no les falte algo y sirviéndoles mucho “verde” (para que se pongan rojos) y estén siempre entonados y animados. El calor sofocante empieza a sentirse, nuevamente los gritos ¡ya suéltenlos! ¡ya suéltenlos! –me preguntaba a mi mismo- ¿mí mismo a quién van a soltar?

Siguiendo con la tradición, otras gentes están pendientes con su compromiso, como las personas que regalaran la cera, o sea, los mayordomos que ofrecen las velas que arderán en los festejos a la Santa, otras personas están pendientes con los regalos que ofrecerán a María Magdalena, como es el vestido que lucirá los días principales de la fiesta.

¡leeeross! ¡leeeross! ¡suélten esos pinches toros! se escuchaba el coro de los osados jóvenes toreros, que contagiados por la adrenalina empezaban a empujar hacia un lado y hacia otro, como si fuera el oleaje del embravecido mar. Las tablas de las barreras rechinaban por el empuje de la entusiasmada gente que por momentos parecía un monstruo de mil cabezas (siéntense que ya mero los sueltan).

El mayordomo de cohetes está comprometido a tener suficiente parque para anunciar la misa, las procesiones o los paseos de la Santa, otro mayordomo es el que invita a comer a toda aquella persona que participe, lo hacen siempre después de las misas o de las procesiones.

¡Ya están los toros en el encierro! le grita un joven a otro– ¡y están grandes! –pues que los suelten aquí los espero-, contesta un desgarbado y escuálido jovenzuelo.

Para que la fiesta luzca de maravilla, los xiqueños confeccionan la alfombra con aserrín por toda la calle principal, son cientos de pobladores que como las hormigas, solo se les ve trabajar, unos ponen los moldes, otros acarrean el aserrín de diferentes colores otros más van haciendo las figuras y no permiten que nadie pise la majestuosa alfombra hasta que la Santa Magdalena pase por sobre de ella.

¡Licenciado! ¡licenciado! –escuché una dulce voz femenina que parecía venir del cielo– (con tanto ruido me pareció escuchar que decía liciado, liciado) ¡súbase! ¡súbase! (hay guey) por momentos no entendía lo que esa curvilínea dama trataba de decirme porque las miles de gargantas gritaban con más fuerza ¡que los suelten! ¡que los suelten!; la hermosa mujer me hacía señas con su delicada mano invitándome a subir; de pronto, un desgarrador grito me encuera el chino, digo, me enchina el cuero…¡ahí vienen! ¡ahí vienen!, por aquí licenciado por aquí, más arriba, más arriba, sígale sígale (¿what?), el sudor escurría por mi frente, mi ritmo cardiaco empezó acelerarse a mil por minuto, unos corrían calle arriba otros lo hacían en sentido contrario, unos saltaban de la calle a la barrera otros de la barrera a la calle, niños llorando, papas gritando, esto se había convertido en un pandemónium (abrón), subí por unas empinadas escaleras , aquella dama que hasta ese momento no la reconocía, me llevo casi en vilo hasta la espaciosa sala de una hermosa casa del siglo XIX; con suave voz me ofreció sentarme en un confortable sillón de cedro rojo y tejido con “ojo de pederniz” al tiempo que me decía, desde aquí se ven mejor los Toros, ¿de lidia? –pregunté con singular asombro– pues no se dé quien son pero pronto los verá –guiñando uno de sus hermosos ojos –. Bienvenido, está es su casa, y esbozando una angelical sonrisa –me dijo– le traeré un delicioso café y un rico pan, elaborado aquí en mi pueblo, Xicochimalco, (nido de jicotes). ¿Y qué son los jicotes? (me imaginé amable lector que usted se iba a preguntar), los jicotes son una especie de abejorros (Bombus es un género de himenópteros de la familia Apidae que incluye las especies conocidas por el nombre común de abejorro); para la otra mejor le voy a decir únicamente, Xico.

Lo que más le gusta a los xiqueños y a los visitantes es la xiqueñada, que es nada menos que una réplica de lo que hacen en los encierros en las fiestas de San Fermín en Pamplona España. Y es que no sé cómo pero los xiqueños tienen mucho de los pamploneses, así como en Xico hay infusiones de Verde, de mora, de naranja o ciruela, lo mismo sucede en la ciudad española, ahí también tienen su Pachará, bebida o infusión o como le llamen, lo cierto es que también hace los mismos efectos que las bebidas espirituosas xiqueñas.

A la comida se le tiene que dedicar un espacio especial, si tienes un invitación para comer con una familia xiqueña, aguas, lleva tu estomago preparado porque los anfitriones son bastos a más no poder, te ofrecen chiles rellenos, mole, chocos o tamales para combinar con el mole, aguas frescas, bebidas espirituosas, cafecito y pan.

Lo invito al balcón licenciado, desde ahí podremos disfrutar la cogida que los toros le darán a esos inexpertos “toreros”. Una fresca neblina acarició nuestros cuerpos. Nos acercamos al balcón con herraje forjado y estilo renacentista, adornado con hermosos anturios. Como dos enamorados contemplando la tarde. Su suave y delgada mano se poso sobre la mía al tiempo que musitaba a mi oído ¿se acuerda de mí?

ring…ring…¡el despertador!

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