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Un gavilán con visión de tlatoani

2 junio, 2009
Fernando Hernández Flores

Entre los bosques, selvas y campos se congregaban los animales, todos planteaban sus necesidades, carencias y problemáticas a las que se enfrentaban ahí en la naturaleza. El león emitía sus últimos rugidos, su gobierno terminaba y antes de morir, era momento de retirarse; mientras diversas aves desde lo alto observaban. La situación indicaba que urgía un cambio, una renovación, por lo tanto necesitaban elegir un nuevo gobernante que le diera rumbo a todo ese gran pueblo, alguien con visión, que escuchara y actuara cuando tuviera que actuar, alguien conocedor; que si había que pasar un río, mar o zona peligrosa lo hiciera y no se detuviera, que si tenia que convocar a las demás habitantes de la naturaleza lo escucharan de inmediato, es así que eligieron a un sabio gavilán. El gavilán con visión de tlatoani.

En estos tiempos electorales, los pajarracos azules se ponen a bombardear con una guerra porcina, cuando esa suciedad que generaron esta impregnada en su propia ropa, por lo que debe lavarse en su casa y no estar echando pestes a quienes no se han contagiado de esa rara enfermedad.

Conforme pasaba el tiempo, el pueblo reconocía el trabajo de unidad, fidelidad y progreso que les estaba brindando su tlatoani al gavilán. En cambio los celos se dejaron sentir poco a poco, ya que era momento de elegir a los guardianes de la naturaleza y el tlatoani tenían sus ojos puestos en los candidatos idóneos para garantizar un triunfo. El jefe de los pajarracos azules envío sus emisarios para tratar de corromper las elecciones en ese pueblo, tratando de imponer otros candidatos con ideas cerradas y conservadoras, para ello uso diferentes medios que tenía en su poder, haciendo criticas severas al gavilán tlatoani, tratando de desprestigiar su imagen, su proyección y sobre todo el trabajo que había realizado el gobernante de color rojo.

Como buen gavilán guardó la cordura, la paciencia, la serenidad y la calma. No grito ni pidió auxilio, los mismos habitantes empezaron a defenderlo y hablaron por el, se escucho el señor trueno y la lluvia se apareció. Los pajarracos azules no tuvieron en donde pasar el agua y se fueron ahogando, el pueblo del gavilán tlatoani estaba unido y lo querían tanto, que aun con esa guerra que le habían puesto en su contra, todo iba bien y el esfuerzo continuaba. Posteriormente la gran Tenochtitlan lo esperaba. Cenco tlazohcamatic. venandiz@hotmail.com

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