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CANSANCIO

19 mayo, 2009
Juan Antonio Nemi Dib

En su artículo de esta semana titulado “La cuenta regresiva”, José Ferrer describe puntilloso y puntual el futuro que nos espera. El texto inicia diciendo: “‘Incrementar los impuestos, recortar el gasto, ampliar el déficit o una acción combinada de las tres’, es el infierno fiscal previsto y anunciado, como dicho por descuido, por el Secretario de Hacienda, Agustín Carstens, para el 2010”. Y más adelante explica: “Era de esperarse… porque entramos de lleno a la cuenta regresiva del final de la cobertura de protección para garantizar un precio por barril de 70 dólares promedio, y no hay plan ‘b’, ni se ve alternativa fiscal posible, para reemplazar la renta petrolera, a pesar de las pomposamente llamadas reformas fiscal, energética y de pensiones.”

Y concluye Pepe: “Cuando en el horizonte se ve el 2010 año de celebraciones históricas, también se asoma el vencimiento de la cobertura petrolera, justo cuando la economía nacional está sufriendo una contracción –que ya calificó de recesión el Secretario-. En el primer trimestre, la caída fue del 7 por ciento (la más grave en los últimos 14 años según la propia Secretaría de Hacienda) y se calcula que será superior al 4.5 por ciento en el 2009”.

En realidad, mucho antes del estallido de la crisis de las “hipotecas basura”, cuando el Secretario de Hacienda aún no calificaba de resfriado a la que resultó peor que neumonía cuata, las cosas no pintaban bien para México; desde 2007 se identificó claramente el impacto que la contracción de la economía de Estados Unidos nos causaba y se hicieron visibles las “incapacidades estructurales” para mantener la competitividad de los bienes y servicios mexicanos. Se llegó a hablar de que el Tratado de Libre Comercio con Canadá y EUA estaba más que superado por la realidad y que para ese momento, sus beneficios ya podían considerarse como relativos.

Las paradojas de la economía mexicana continuaban acentuándose antes de Madoff y Stanford y de las “subprime”: uno de los sistemas financieros más grandes del mundo con la mitad de su población viviendo en la pobreza; un sistema “petrolizado” que incrementaba –y ahora lo hace más que nunca— inversamente el precio al consumo de los combustibles cuando este decrecía en el exterior; uno de los sistemas bancarios más rentables del planeta que absurdamente no prestaba –ni presta— y que vivía –y lo sigue haciendo— de las exorbitantes comisiones por servicios; abusos monopólicos para los consumidores en casi todos los frentes, principalmente en los de tarifas y costos, pero también en lo relativo a la calidad y falta de garantías…

Si aquello no era bueno, ¿cómo describir lo que ocurre hoy?

Los ingresos nacionales atacados por todos los flancos: para empezar, la dramática caída en el precio del petróleo de la que habla Ferrer (ingreso que debería proveer, en términos netos, el 40% del gasto público presupuestado); la reducción en el envío de dinero de nuestros paisanos (25 mil millones de dólares en 2008, que ya eran un 3.6% menos que en 2007) y que según el Fondo Monetario Internacional bajará otro diez por ciento este año; la disminución de las exportaciones mexicanas (sólo en 3 meses de 2009, cayeron 26% las ventas a EUA, nuestro principal cliente, con una merma de casi 14 mil millones de dólares en ese tiempecito); y para qué hablar del turismo peligrosamente inoculado del virus de la influenza, que ha mostrado ser muy influyente y amenazador entre los fallidos viajeros.

Se trata de una agenda económica que, en un escenario de responsabilidades compartidas y cariño por el país, ya hubiera sentado a la mesa de acuerdos a los actores de la vida económica y política de México para encontrar un camino viable y, al menos, encender una lucecita de esperanza frente a este horizonte negro. Pero no, parece que hay cosas más urgentes que eso.

Durante los últimos dos meses, las detenciones de varias personas presentadas como importantes líderes de la delincuencia organizada permitió al Gobierno Federal sustentar su discurso de que se está avanzando por el camino adecuado y que los malos están perdiendo la guerra convocada al inicio de la administración. Sin embargo, bastaron dos incidentes para devolver el pesimismo al estado en que se encontraba: un policía con toda su familia (su madre, su esposa, su cuñada, 4 niñitos y hasta una vecina) fueron brutalmente asesinados, a plena luz del día, en Cunduacán, Tabasco, mientras que en Zacatecas, un comando de 80 individuos a bordo de 17 camionetas y con el apoyo de un helicóptero, liberaron a 53 presos, algunos de ellos considerados de alta peligrosidad.

Y la lista de los pendientes sigue: la quiebra potencial del sistema de pensiones, las insuficiencias enormes del sistema sanitario, los problemas insolutos y progresivamente mayores del sistema educativo, el rezago tecnológico, el deterioro ambiental…

La campaña electoral para la renovación de la Cámara de Diputados era una gran oportunidad para la presentación de soluciones, para que los aspirantes a decidir sobre el destino de los recursos públicos en los próximos tres años nos dijeran cómo y en qué pretenden gastarlos. A cambio de eso, estamos viendo un triste espectáculo en el que los pugilistas de callejón y los trapaceros tienen el principal protagonismo, como eficaces aventadores de lodo, más o menos cierto, pero igualmente apestoso, lodo apestoso. Y los menos malos, los más lúcidos de todos los signos políticos, prefieren abstenerse de la pugna para no sufrir daños colaterales en su imagen, asumiendo con ello el nuevo rol que les asigna la mercadotecnia: el de meros productos publicitarios. ¿Dónde, por amor de Dios, están las propuestas concretas?

De por sí las elecciones intermedias concitan poco interés ciudadano; ahora hay que considerar, además, que una baja votación favorece a ciertos partidos y ciertos candidatos para la próxima distribución de las diputaciones. Sea o no deliberado, este escenario de desánimo y desinterés beneficia a alguien. Aprovechan el cansancio de la gente. Ojalá que no se convierta en hartazgo. Y en cualquier caso, no tendremos que esperar mucho: el 6 de julio empezará la nueva realidad, la de a de veras, la que no podrán simular ni postergar más.

antonionemi@gmail.com

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