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“La Fidelina”

11 mayo, 2009
Verónica Woodhouse

No es una mujer, mucho menos una santa o una fiel. No, a La Fidelina, no se le puede ver, pues es escurridiza como ninguna, aparece cuando quiere y, por lo general, deja a sus víctimas atontadas y adormecidas por un gran periodo de tiempo, el suficiente, como para salir del paso y aplicar a la víctima una nueva dosis de esa práctica verbal que, con gran maestría, ha sido creada por la Fidelidad.

La Fidelina es recibida por todos aquellos que tienen demandas justas o de carácter social, lo mismo asociaciones indígenas que campesinas, pobres o ricos, niños o adultos mayores, políticos o empresarios.

La Fidelina no respeta clases ni estratos sociales y su práctica no tiene límites, envuelve a sus amigos y embrolla a sus enemigos; sus alcances han causado ya verdaderos estragos en estas tierras que atestiguaron hace no mucho tiempo, como por una Fidelina aplicada durante 4 largos años, un defensor de los derechos humanos, llegó al extremo de inmolarse en plena Plaza Lerdo.

Sus víctimas han sido muchas y muy variadas, comunidades enteras creyendo en La Fidelina, todavía no pierden la esperanza de que este, el “sexenio de los puentes”, les cumpla aunque sea a medias y les haga siquiera una brecha o un camino de terracería que les facilite el traslado de sus enfermos.

Pero la Fidelina es ladina, da largas, promete y evade como ninguna, ya cuando de plano no le queda de otra, echa mano de lo que mejor le sale, adormecer y atontar mientras gana tiempo tanto para justificarse, como para buscar culpables.

Seguramente esta práctica verbal, será patentada para poder cobrar regalías cuando a alguien ajeno a la Fidelidad, le de por utilizarla, aunque bien harían en poner en el envase, una etiqueta de advertencia que dijera: Peligro, producto volátil. Si se usa en exceso, se corre el riesgo de convertirse en Pinocho y de ser evitado por conocidos y extraños.

La Fidelina no solo se limita a una práctica verbal completamente peligrosa y dañina para quién la escucha y comete el error de creer en ella, ya que de vez en cuando, también gusta hacer de las suyas de manera subrepticia, sobre todo, cuando de dar golpes bajos se trata.

A traicionera, no hay quién le gane, por un lado da su apoyo y, por el, otro asesta el golpe… Un golpe de tan baja ralea que el receptor si no se anda a las vivas, no lo ve si no hasta que fue noqueado.

Es capaz de jugar en contra de los suyos, de los de casa con tal de conseguir sus propósitos y, uno de sus propósitos, o más bien de sus sueños, es desaparecer de la esfera política todo lo que lleve el apellido Yunes, ese apellido que tanto teme y le incomoda, por ello, en nada nos extrañaría que el asunto de las dichosas actas de nacimiento de Carlos Hermosillo, hubiera sido orquestado ni más ni menos que por la propia Fidelina, ya que por un lado, podría intentar culpar del escándalo al director General del ISSSTE y, por el otro, quitar a Hermosillo del camino.

Las cosas no salieron bien, ya que tanto Hermosillo, como Yunes, conocen los alcances de la Fidelina, ninguno se fue con la finta, Hermosillo, sabe que la Fidelina es traicionera y que suele esconder la mano, pero sobre todo, conoce al amigo y sabe que de traidor no tiene un pelo.

PS: La Fidelina a recibido ya tres cachetadas… ¿Habrá una cuarta?

Comentarios: verowoodhouse@gmail.com

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