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TAMPIQUEÑO, ¿TAN PEQUEÑO?

6 abril, 2009

LUIS GUILLERMO FRANCO


Atreverse a ser músico siendo de Liverpool, es una carga muy pesada, porque invariablemente el público pensará en los Beatles. El mismo caso ocurre con los nativos de Brasil, porque ser futbolista y tener habilidades inferiores para la gambeta, es algo muy triste porque se tienen referentes superlativos como Pelé, Romario y Kaká. Lo mismo pasaría si un alemán careciera de la aptitud gástrica para una ingesta desproporcionada de cerveza, si solamente bebiera tres dosis, pensaríamos que es la excepción a la regla del terruño. En el ámbito de la cosa pública, dentro de la actividad política hay un gentilicio que es símbolo de distinción y representa la cúspide de sabiduría, discreción y prudencia: tuxpeño.

Don Jesús Reyes Heroles fue un político tuxpeño que se caracterizó por conjuntar la reflexión y el activismo, además de confiar en el talento de la juventud. Como Presidente nacional del PRI, el discurso que dirigió al pleno de la Asamblea Constitutiva del Movimiento Nacional de la Juventud Revolucionaria, es un auténtico paradigma, modelo obligado del exhorto a que los jóvenes ejerzan una militancia responsable y aguerrida, rechazando vicios y denunciando cualquier perversión o intriga. Las palabras pronunciadas en marzo de 1973, tuvieron a un receptor espléndido y convencido de su vocación política, el abogado de Nopaltepec, Fidel Herrera Beltrán. El tuxpeño más connotado era un fervoroso seguidor de la obra del pensador Mariano Otero, padre del juicio de amparo y diputado al Congreso de la Unión cuando tenía 25 años. Reyes Heroles al hacer la antología de ese erudito, resalta una máxima de Otero: “Los jóvenes nunca deben cambiar convicciones por posiciones”. Esa frase es precursora del “Sé es joven cuando se ve la vida como un deber y no como un placer”.

Otro ilustre político tuxpeño, fue Enrique Rodríguez Cano, quien fuera secretario de la Presidencia de la República, cuando el titular del poder ejecutivo era otro veracruzano de excepción, Don Adolfo Ruíz Cortines. Es conveniente resaltar que fue alcalde muy joven, cuando apenas contaba con 24 años de edad. Además como integrante de la Legislatura Local en 1942, fue destacada su participación para desalentar al movimiento de secesión que se vivía en la Huasteca. Su cercanía con los campesinos lo hizo un interlocutor efectivo para impedir que nuestra entidad se desmembrara.

Manuel Maples Arce, aunque nacido en Papantla, se consideraba tuxpeño y tuvo una brillante carrera como diplomático, escritor y político. Es reconocido por el movimiento literario del que fue representante, el estridentismo. Al filo de los 30 años ya tenia una obra escrita importante y formaba parte de la res pública desde sus cualidades como orador. Por último, de este grupo de notables políticos tuxpeños, encontramos a Don Demetrio Ruiz Malerva, un hombre con reconocida sensibilidad en el trato y apto para la negociación política, por ello fue dirigente estatal del PRI y Diputado Federal.

Hago énfasis en que el gentilicio del puerto de los bellos atardeceres, es un gran honor y que podría hablarse de políticos originarios de Tuxpan y de los políticos tuxpeños. Esta reseña es para hacer una réplica respetuosa al Maestro Inocencio Yáñez, oriundo de la isla de Cabo Rojo, hoy municipio de Tampico Alto. Para su desgracia, éste servidor tiene la facultad del pensamiento crítico. El Presidente de la Fundación Colosio podrá tener en su esfera personal amigos de orígenes partidistas diferentes al PRI, pero lo que no se vale es que los promueva dentro del PRI, porque insisto, es una causal de expulsión. Ese testarudo propósito de convertirse en pontífice de la crítica y enemigo de los jóvenes, me parece que no es correcto, dada su experiencia. Para su desgracia los precursores de “la privatización de la política” (Chenchos dixit) son distinguidos políticos tuxpeños, además del propio Gobernador Fidel Herrera.

Aquí en Diario de Xalapa hago público mi interés por tener un debate con Inocencio Yáñez Vicencio, porque es necesario que exista ese intercambio de ideas de manera directa, alejados de la aptitud natural que tiene para volverse iracundo. Creo que el Maestro Ignacio Altamirano Marin o el destacado periodista Benjamín Domínguez Olmos pueden ser moderadores del mismo. Importante sería delimitar la agenda, los puntos a tratar y sobre todo ser inflexibles con el tiempo, porque es de sobra conocido que el maestro tampiqueño es susceptible de desarrollar peroratas amplias. Acepte debatir, recuerde la rivalidad académica entre el IPN y la UNAM, su servidor es puma. Vamos al debate, ya basta de querer descalificarme. No me menosprecie y crea que soy una variación fragmentada de su gentilicio: tan pequeño.

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